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Síndrome del intestino irritable

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22042012

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Síndrome del intestino irritable


















Publicado el 22.04.2012.



Investigadores del VHIR describen alteraciones biológicas en el síndrome del intestino irritable



El hallazgo aleja la enfermedad de la idea de trastorno funcional e incluso del origen psicológico que se le presuponía.



De izquierda a derecha, César Sevillano, María Vicario, Javier
Santos, Milagros Gallart, Cristina Frías, Marc Pigrau, Eloisa Salvo.





Fuente Jano.es
19.04.2012.



Un equipo del grupo de investigación en Fisiología y Fisiopatología
Digestiva del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) ha descrito
alteraciones moleculares en el síndrome del intestino irritable. Este
hallazgo cambia radicalmente la visión que se tenía hasta ahora de la
enfermedad, considerada funcional y sin traducción biológica.



Esta descripción inicial de una alteración orgánica del síndrome del
intestino irritable puede suponer, para empezar, una base sobre la cual
identificar dianas diagnósticas y terapéuticas específicas de la
enfermedad y, de esta manera, desarrollar marcadores útiles para el
diagnóstico positivo y nuevas herramientas de tratamiento dirigidas al
núcleo del problema. A medio plazo, este hallazgo va a suponer un gran
avance respecto a los tratamientos sintomáticos que se usan en la
actualidad.



Los resultados del estudio, publicados en el American Journal of Gastroenterology y ahora destacados por Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology, debido
a las implicaciones y al cambio de paradigma que suponen para esta
enfermedad, se centran en los siguientes aspectos: alteraciones
distintivas de la normalidad en el perfil de los genes expresados en el
intestino; mayor activación de células inmunológicas tales como el
mastocito y señalización anómala entre células en el intestino delgado
(concretamente en el yeyuno) de estos pacientes, alteraciones que se
asocian a la gravedad de la sintomatología.




Un cambio de paradigma para el síndrome del intestino irritable
El
síndrome del intestino irritable (conocido también como colon
irritable) afecta al 15% de la población adulta y representa, según los
expertos, el 1-2% de todo el gasto sanitario. Su sintomatología incluye
dolor abdominal crónico y recurrente, acompañado de alteraciones del
ritmo intestinal que van desde el estreñimiento hasta la diarrea
intermitente crónica, pasando, en el caso de algunos pacientes, por
periodos alternantes de estreñimiento y diarrea.



Esta sintomatología puede durar incluso varios años seguidos y afecta
considerablemente a la calidad de vida de estos pacientes. “Todos los
datos hallados desde que empezamos a estudiar esta enfermedad, han ido
dando forma a un nuevo enfoque diagnóstico. Hasta ahora, el diagnóstico
se sustentaba, fundamentalmente, en la naturaleza crónica de los
síntomas sin la existencia de signos evidentes de enfermedad orgánica”,
puntualiza el Dr. Javier Santos, responsable del estudio.




La hipótesis del origen psicológico de la enfermedad
Gracias a
estudios epidemiológicos previos, se ha identificado una predisposición
a padecer este síndrome en aquellas personas con un elevado nivel de
estrés psicológico, con una historia clínica de infecciones
gastrointestinales o con la presencia de determinados factores
genéticos. Estas características pueden alterar una función fundamental
del intestino para la protección frente al medio externo, como es la
permeabilidad de la barrera intestinal. La alteración de esta función
protectora facilitaría la entrada en el organismo de agentes patógenos y
toxinas, predisponiendo al desarrollo de la enfermedad.



Este mismo grupo ya demostró que el exceso de estrés vital produce,
entre otros problemas, una alteración en esta barrera intestinal, sobre
todo en mujeres. En particular el cúmulo de situaciones vitales comunes
(por ejemplo: muerte o enfermedad de familiares, situación económica
angustiosa, problemas laborales o sentimentales) sufridas durante el
último año, provoca respuestas anómalas en la mucosa del yeyuno que
desequilibran la correcta regulación de su fisiología. "Durante el
último año, la situación de crisis ha agravado el estado de algunos
pacientes o ha hecho que otros debutaran con síntomas”, explica el Dr.
Santos.



"En el estudio previo", añade, "relacionamos el posible desarrollo de la
enfermedad con respuestas hormonales y nerviosas debidas al estrés,
sobre todo en mujeres sanas con predisposición genética, cuyo intestino
mostró una respuesta defectuosa dominada por una menor secreción de agua
y por un aumento significativo de la permeabilidad que, en
consecuencia, reducía la capacidad del intestino para arrastrar los
agentes exógenos nocivos".




Un paso más
El actual trabajo va un paso más lejos e
identifica un conjunto de alteraciones inmunológicas y moleculares
distintivas en la barrera intestinal y el funcionamiento del sistema
inmunológico del intestino. Concretamente, se ha establecido el papel
clave de los mastocitos -unas células de defensa encargadas de eliminar y
contrarrestar agresiones externas- y algunas vías implicadas en su
activación y apoptosis o suicidio celular.



Estos mastocitos desempeñan una función clave en la respuesta
inflamatoria a este nivel. “El estudio ha correlacionado, de manera
significativa, la menor expresión de proteínas estructurales y de los
genes que las regulan, en una parte concreta del epitelio intestinal,
con la mayor activación de los mastocitos presentes en el yeyuno.
Además, todo ello también se asocia a la sintomatología del síndrome del
intestino irritable, lo cual podría indicar que a mayor alteración
estructural, mayor gravedad de la enfermedad", concluye el Dr. Santos.



Para el responsable de la investigación, “con estos hallazgos, ahora el
método diagnóstico deberá evolucionar positivamente. Estamos trabajando
para poder traducir este descubrimiento en parámetros medibles en sangre
periférica y en el desarrollo de biomarcadores y tener, así, un apoyo
analítico que nos ayude en el diagnóstico, hasta ahora, fundamentalment
clínico”.




Mientras se buscan estas herramientas diagnósticas y ante una
sintomatología que, a veces, necesita de un diagnóstico que descarte
otros procesos, existe la opción de realizar una biopsia intestinal y
buscar estas alteraciones biológicas en la mucosa del intestino de estos
pacientes.
The American Journal of Gastroenterology (2012); doi:10.1038/ajg.2011.472




Enlace relacionado
The American Journal of Gastroenterology




Fuente
Jano.es.




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